lunes, 19 de julio de 2010

vida y amores de una maligna

he terminado la novela de fay weldon, vida y amores de una maligna (tusquets, 1989). ha sido una de mis lecturas de vacaciones no editoriales, junto a carta de una desconocida del austriaco stefan zweig (acantilado, 2003). si en mi anterior post, alababa la excelencia de las ediciones de krk, en éste no puedo más que “criticar” o dejar constancia de lo poco que se esmeran algunas editoriales de “prestigio”, en este caso tusquets, en lo que se refiere a la composición: líneas huérfanas y viudas, palabras sin acentuar, corte de palabras donde no hay sílabas susceptibles de ello… se supone que editoriales como ésta, tienen departamentos encargados del buen hacer de las tripas de un libro. centrándome ya en la obra en sí, cuando estaba leyendo los primeros capítulos, encontré ya ciertas similitudes con la última película que había visto antes de marchar de vacaciones: un tipo serio, de los hermanos coen. en ambas obras, se describe un personaje maltratado tanto por su familia como por su propia escasez de gracia en cualquier aspecto de la vida. los hijos, en ambos chica y chico –ampulosas ellas, inquietos y revoltosos ellos-, son un verdadero tormento para los protagonistas, presentados más como una simple segregación carnal desprovista de afectos. los respectivos congéneres -en la novela el marido únicamente utiliza a la esposa como abrevadero de escarnios y mofas; en la película, la mujer desprecia al marido por su devaluación en los placeres de la carne y por lo rutinario de su comportamiento-, ponen a los protagonistas al corriente de sus aventuras amorosas extramatrimoniales de una forma simple y rotunda, como si esa práctica fuera lo más habitual –no dejan en ambos casos oportunidad para el asombro o la réplica, sólo cabe la aceptación de los hechos-. todo se aúna hasta la mitad de ambas obras, a partir de ese momento, las direcciones son totalmente opuestas. en la película el personaje termina siendo una caricatura de sí mismo, incapaz de rebelarse contra lo que se le viene encima, es engullido por la misma dinámica de la vida para luego ser deglutido por una enfermedad (eso queda vagamente dibujado ya que el film termina, si no de forma abrupta, sí con puntos suspensivos, aunque no deja muchas opciones a la imaginación). en la novela, por el contrario, el personaje llega al límite de lo soportable, y se reinventa. pasa de ser un objeto inanimado a convertirse en un animal feroz, cual escorpión vengativo que va a hacer pasar por el mismo filtro de dolor que ha mamado, al culpable de ello. y así lo hará hasta las últimas consecuencias con la curiosa particularidad, de que todo ese proceso de odio termina por convertir a la protagonista en un remedo –sólo físico- de la mujer por quien su marido la abandonara. dejarlo correr o enfrentarnos, dos opciones que siempre tenemos nada más abrir la puerta. claro que después, cada uno le dará la intensidad y las particularidades propias que desee a la opción escogida.

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