viernes, 1 de enero de 2016

A mis 53 cruzando hacia el 2016

No acudí a esta ventana el día de mi último cumpleaños. Quizá haya sido debido a la rutina o a la apatía de esos días de finales de octubre. Primero la aniquilación de Grecia por el rodillo de siempre y la decepción de ver cómo hincaron la rodilla los que creía hombres de palabra. Después la frustración por un cambio que se me antojaba contundente en las elecciones locales, constatar que la transformación que esperaba era muy real a través de las redes y en los círculos en los que me movía, pero casi fantasmagórica en el barrio, en el bar de enfrente, en la venta, entre algunos familiares que aunque llevan en el paro años, cobrando apenas 400 €, seguirán votando a los mismos que los han encerrado en esa espiral insalvable, porque el miedo se los come por las patas "parriba". Afortunadamente la esperanza ocupó algunos bastiones importantes y se ha incrustado con solidez en otros. En diciembre volvió el momento de votar y otra vez mi ilusión se vio superada por la realidad. Muchos me dicen que se ha avanzado a pasos agigantados y que se está plantando y abonando para un pronto cambio social. Aunque en este tema soy escéptico, es lo que deseo, pero también quiero que sea pronto. El tiempo a esta edad parece que se acelera, y los deseos de ver un cambio real se van volviendo utópicos. Desde los dieciséis años llevo moviéndome en colectivos sociales y culturales que trabajan y apuestan por una sociedad más justa. Espero casi ansiosamente que este sea el año, deseo con todas mis fuerzas que la luz nos ilumine y alcancemos esos objetivos.



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