después de una semana tras cualquier impacto, viene el desasosiego. intuyes, miras, hueles el hueco vacío donde antes algo se movía, se palpaba o gesticulaba. queda como un regusto amargo entre la lengua y el paladar, como una respiración un poco más corta y algo más pesada. te quedas untado en algo así como “malagana”. te afanas por remontar. los pasos, el unirlos unos detrás de otros, el retomar, el darle de nuevo a las manos para no sólo flotar. escapar de los sonidos lánguidos, aunque te arrebate con su voz y sus tonadas etta james y su blue gardenia. buscar una lectura más viva, no dejarte absorber por las palabras de coetzee y su novela-ensayo sobre los últimos años. muchas preguntas, erre que erre, muchos interrogantes a decapitar. extender las alas, lanzarse, planear... vamos allá.
viernes, 20 de agosto de 2010
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Todo sigue, nada se para, pero lo mejor es disfrutarse.
ResponderEliminarA mí el deje pesado de un blues o el vaho intimista que deja el jazz, siempre me reencuentra y resucita.
No hay tristeza, sólo ojos tristes que miran.
Un abrazo desde la liguerita.