miércoles, 11 de mayo de 2011

graffiti

en los bolsillos vacíos nacen piedras

martes, 19 de abril de 2011

¿dónde estás robin hood?


ante un paisaje repleto de vallas publicitarias, chalets adosados y una autopista que corta el verde en dos, se ha implantado la costumbre de que a cada poco, alguien (después de escribir esto ya parece que he dado con el autor), o varios alguien, construya una frase con grandes letras y las muestren a todos aquellos otros alguien que vamos conduciendo desde el puerto de la cruz rumbo a la laguna o a santa cruz. el viernes pasado hacía el trayecto mencionado y, como siempre que me voy acercando a esa otra forma de comunicar sin intentar vendernos nada, iba expectante por descubrir el pensamiento de la ocasión. cuál no sería mi sorpresa cuando la frase que se lanzó a mis retinas fue ésta: ¿DÓNDE ESTÁS ROBIN HOOD? no pude más que sonreír y llenarme de gozo por la ocurrencia de estos francotiradores de la imaginación. es justamente lo que nos hace falta en estos tiempos de tanta impunidad económica, tanta impudicia moral de mandamases vendedores de falacias, mamones banqueros, prestamistas usureros de empaque impoluto, y demás gerifaltes de buenos modales y otras cosas que se suponen del “saber estar”. dónde estás robin para que nos des unas cuantas cachetadas a todos y espabilemos de este atolondramiento consumista y miedoso, nos limpiemos bien las orejas, desempañemos los ojos y empecemos a contestar, a decir que no, que ya está bien, que no nos creemos nada. ven robin, para que nos patees el culo y digamos que no nos vamos a dejar robar más, que vamos a dejar de ser puros lerdos, que vamos a contestar con la misma intensidad con la que nos agreden, que vamos a ser unos descreídos, que vamos a ponernos a cuestionar. robin, a por ellos.

viernes, 25 de marzo de 2011

donde los días se empujan para que los meses se den la mano

recomponerse, tragar, deglutir, revolverse, dar manotazos al aire, espantar, “juciar” los malos espíritus, volver a las mismas estancias, recuperar las viejas sendas, admirar la trayectoria, embelesarse con los primeros títulos. autores, traductores y bancos al teléfono, acarreo de cajas, estanterías que se desplazan, estantes que vuelven a llenarse, escaleras para arriba, peldaños pa’bajo, ordenadores que se desperezan, wifi nueva, el recuerdo de juan antonio armando libros, el olor del café de carmen rosa, cubiertas de bárbara e idir carcomidas por la polilla. armamos mesas, ordenamos contratos, preparamos paquetes. al fondo, una pequeña llama, nos insinúa que ya falta menos.

domingo, 20 de febrero de 2011

noemí


cuatro años que han pasado como un soplillo de aire. desde su entrada en esta casa pasó a ser la cara amable, la sonrisa, la palabra cariñosa, la voz de la editorial con todos los autores, con las distribuidoras, con las agencias, en ferias y “acercando orillas”… con todos los que se asomaban a nuestra puerta interesados por lo que hacíamos. si maría josé nos dio el impulso para ser más visibles en prensa, blogs y ciberespacio en general, noemí logró con su constancia y trabajo de hormiguita, crecer y mantenernos unos cuantos escalones por encima de lo que estábamos cuando ingresó en la editorial.

cuatro años en los que hemos compartido risas, lágrimas, cabreos, viajes, satisfacciones y sobre todo, mucho trabajo y muchas ilusiones. recuerdo siempre sus saltos de alegría cuando conseguíamos un nuevo distribuidor o cerrábamos un contrato con alguno de los autores a los que teníamos echado el ojo. también su sonrisa entre inquisitiva y curiosa, cuando era una de sus fotografías la que pasaba a ser cubierta de uno de nuestros títulos.

cuatro años que han pasado en un pispás. son momentos de cambio para unos, recogimiento y vuelta a los orígenes para otros. las circunstancias que sacuden estos tiempos que nos está tocando vivir, nos obligan a tomar decisiones para que la vida misma nos insinúe nuevas satisfacciones, otros retos, más oportunidades.

sólo me resta desearte todo lo mejor en esta nueva etapa que inicias, que esa sensibilidad que llevas implícita la apliques a todo lo que hagas y a todo ello, le pongas el corazón y la constancia. quizá más adelante nos toque bailar otra pieza juntos.

domingo, 13 de febrero de 2011

bregando

háy jános

a trancas y barrancas, vuelvo a la actividad de editor. el año ha comenzado con más sobresaltos, despedidas, y sobre todo, una vuelta a los orígenes. he tenido que engancharme de nuevo a la noria que da vueltas al pozo para devolver a la atarjea el agua evaporada. cual dromedario majorero que de tanto pasar sobre sus mismas huellas creó surcos, ando yo redimiéndome de los pecados a los que los sueños me han llevado. he tocado el suelo, he raspado con las uñas y me he asegurado que es puro volcán lo que hay debajo. ya sólo me resta apretar bien las plantas de los pies contra esa superficie sin resquebrajos y tirar hacia arriba con fuerza, con desparpajo, con aire limpio, que el impulso sea el combustible, que la alacena de títulos que llevo bajo el brazo, sean el pasaporte de la estabilidad. las arenas movedizas, los desvanecimientos digitales, los cambios de hábitos siguen propiciando la inestabilidad del libro tal como lo entendíamos hasta hace muy poco. pero sigo en mi empeño, en mi lucha de david haciéndose un hueco en estas posesiones de goliat. quiero seguir descubriendo autores, tanto hispanos como de otros lares, quiero seguir dando a conocer obras que creo son interesantes y pueden tener un montón de lectores. a final de año llegaba john williams con stoner. y ahora, de nuevo desde mi cueva, les voy a ir abriendo los postigos de mi ventana para que les dé la luz y vayan conociendo en estos meses cositas buenas, lecturas que alimentan, autores que tienen la virtud de darnos en la testa y despertar emociones. ya viene, ahorita mismo, bajo el seudónimo de elvira rebollo, una joven escritora vasca que nos da en las narices con su escritura fresca, divertida, aventurera: loca novelife es el título de su primera novela. desde hungría será háy jános quien nos traerá su penúltima novela, el niño, de impecable factura y de una originalidad narrativa extraordinaria. son malos tiempos para el papel impreso y para los editores suicidas, pero qué hay más importante para un mortal, que intentar realizar sueños, vivir intensamente y sobre todo seguir siendo fiel a lo que cree. pues amigos, los invito a seguir bailando.

sábado, 8 de enero de 2011

cuenta atrás


volvemos a darle al botoncito del contador. empiezan como una exhalación, los segundos a correr o a descender en picado, luego los acompañan los minutos y así sucesivamente en orden ascendente según la escala del tiempo. abrimos la carpeta “para editar en 2011”, repasamos, anotamos y ponemos las obras en sus casillas de salida. este año se le suman las obras pendientes del 2010 y algunas retrasadas de 2008 y 2009. todas ellas van a pugnar en la jungla de títulos que es el mundo editorial hispano, por conseguir un hueco en las librerías, por copar los espacios limitados que los medios dejan para estos menesteres de los libros. pero sobre todo, con la ilusión final de que caer en las manos y ante la vista de un lector que lo disfrute y entresaque todo el jugo y la esencia, que tanto autor como editor han creído con el valor literario o el interés suficiente para lanzarlo a la calle. la ilusión está puesta, las ganas también. qué empiece el baile.

Porque cuando llueve en verano, es como si el mundo quisiera empezar de nuevo. El agua cae seca en la tierra seca, levantando una polvareda húmeda, que despierta los olores, los colores y los sabores, algunos recuerdos, algunos abrazos, en macetas de geranios, claveles y rosales, algún regusto, algún rincón donde los cuerpos se guarecen y se abren, cálidos y susurrantes. Ahora, cuando llueve, es cuando más echo de menos a mi hombre enfermo y la alegría desatada, loca, del loco, bailando alrededor mío, con los zapatos en las manos, como espantando los malos espíritus y los pájaros de mal agüero.

Última novela de verano. Quintín Alonso Méndez (Baile del Sol, 2011)

viernes, 31 de diciembre de 2010

llaman a la puerta mientras corrijo Los lados del círculo

último día del año. llevo toda la mañana ante el ordenador, entre seguir enviando promoción de Stoner –creo que ya tengo machacados a todos los posibles lectores, blogs, amigos y familiares que les pueda interesar la lectura de esta obra- y, terminando las correcciones pertinentes a otro de los títulos a editar durante el primer trimestre de ese año que anda ya tocando a nuestra puerta, Los lados del círculo, libro de relatos de un narrador brasilero, Amilcar Bettega. noto en estas horas de cibernauta que no queda casi nadie detrás de la pantalla, hoy apenas han llegado mails y las entradas al facebook y al blog de la editorial son mínimas. he optado por levantarme un rato de la silla y asomarme al balcón, ver que se cuece por ahí abajo. hay bañistas nadando en la piscina y otras personas tomando el sol. me apoyo en la barandilla manchada de salitre y contemplo como hoy las pocas olas que vienen hasta mi orilla están llenas de surferos –claro, vacaciones y buen tiempo-. recuerdo siempre este día con la misma melancolía, año tras año: el irse un tiempo en el que prometimos y quisimos lograr tantas cosas y la llegada de otro donde volveremos a repetir los mismos deseos y propósitos. voy padeciendo entonces como de un aletargamiento sensorial, repasando recuerdos, sensaciones, estados, visualizando rostros y escenas... en fin, queda ya poco para abrirle la puerta y dejarlo entrar y decirme para mis adentros, éste sí, éste va a ser el bueno.

los dejo ahora con una muestra de la escritura de Amilcar, un verdadero maestro de la palabra.


Sentado a la mesa de escribir, con la hoja aún en blanco (fallo), tanteo. Y sólo a partir de ese tanteo que nace de mi falta de foco, del desfase entre lo que realmente es y lo que siento y veo yo, sólo a partir de ahí logro continuar y acercarme a ti o a aquello en lo que te he convertido. Ciruela. Ahora estás dentro de mí y eso es lo que amo. Te voy haciendo, te voy elaborando entera para mi amor de una sola mano y encarcelado en mis palabras fallidas. Ciruela. Ése es tu sabor y tu color, ése es tu toque. Tienes un toque de ciruela, pienso en decirte, cuando ya no es posible esconder nada más y todo parece desbordar de mi boca, de mis ojos y de mis gestos; pero me da miedo pasar por loco justo al primer contacto y por eso sólo digo que me parece que tienes un toque genial, pero aquí dentro digo, y escribo, tienes un toque de ciruela. Dibujo en el papel una ciruela grande, con la piel blanda y tensada por la pulpa madura. Trazo un corte transversal y de ahí hago nacer tu boca, los labios oscuros y firmes como dos gajos sobre los que poso inmediatamente mi boca para beber de la humedad que se forma en la tuya; estiro el brazo para lograr cierta distancia y te veo aún imprecisa en esos labios sueltos en el papel y que ahora se abren para revelar unos dientes compactos y de una blancura que realza tu tez levemente tostada por el sol; de la parte inferior de la fruta partida surge delicadamente tu fino mentón cuya piel se estira a la menor sonrisa en una demostración de la más pura vitalidad; de la parte superior, la más grande, hago nacer, casi como si fuera un adorno, tu naricilla redondeada, y más arriba tus ojos negrísimos, enormes, como si ellos mismos fueran dos ciruelas grandes y maduras; y cuando desplazo tu figura a la izquierda y esos ojos me miran de través, es y siempre será como recibir dos tiros de lleno en el pecho que sangran y sangran y continúan sangrando lentamente hasta que la siguiente mirada renueve la herida; tus cejas son ya esos dos trazos de carbón que te ofrezco a título de corona para tus ojos, y los hago de forma que se extiendan perezosamente hasta la frente y que terminen en un hilo casi imperceptible, dando a tu perfil (ahora te miro de perfil) justo ese mínimo detalle que alejaba tu rostro de la perfección; más arriba nace la frente, redondeada en la parte superior donde empieza a nacer el cabello, negro como los ojos y también brillante, que cae liso hacia atrás ajustándose a la curva de la cabeza; y tu cabeza así formada me transmite un no sé qué de melancolía y cansancio o hasta incluso de amargura, un aspecto noble, casi una arrogancia, aunque involuntaria; y eso también lo demuestras en los gestos, en ese gesto, por ejemplo, de llevarte la mano izquierda (eres zurda, y ese detalle, como cualquier detalle tuyo, me desconcierta) al flequillito que te oculta la visión cuando bajas la cabeza para sujetarlo detrás de la oreja: ese gesto tiene la simplicidad, la languidez y a la vez la tranquila abstracción de las cosas superiores: ese gesto eres tú. También tu sexo tiene sabor a ciruela (me inclino sobre el escritorio, te beso otra vez) y decido que primero te quiero para olerla, para atontarme con tu olor a ciruela y sólo después para beberla, quiero tu sexo para beberlo, calentar mi lengua en tu calor más íntimo y dejar que ella, la lengua, se vista con los fluidos de tu fruta, y que esos fluidos se impregnen en mi saliva y chorreen por la comisura de mis labios o en un hilillo al interior de tu muslo; y ese fluido, lo sé, tiene sabor a ciruela.